Nadie va entender como cambie el color de mis huesos, me han
quitado las ganas, le han puesto más gris al cielo, han dejado que pasen los
sueños y la alegría solo reina al ver una Mata en medio de mi jardín, la Mata
mas frondosa del universo; Planeta, planeta, quiero volver a mi planeta, me he
quedado extraviada en extrañas tierras; no me reconozco. He vuelto a ser todo
lo que nunca fui, soy el cenicero del mundo, de la pena que viene con sonrisas
y el invierno se ha quedado habitando mi cabecera de olvidos, más olvidos y
unos tantos recuerdos. No te sorprendas todas las veces que me miras y no me
reconoces, no te sorprendas por todas las palabras que hacen herirte, no te
sorprendas si camino junto a ti sin observarte, no te sorprendas si hoy soy una
desconocida…yo, yo, sí yo…no me sorprendí cuando caminaba en el otro lado de la
vereda, pagando estar enamorada y ciega de escalofríos multicolorísticos, tan característicos
míos, cuando suelo sentirme por medio segundo de la vida del cosmos, ¡Oh sí!, por
medio segundo creí estar enamorada.
La lentitud del mundo enloquece cuando el caminar no es
mutuo, es entonces cuando aceleran las alas y buscan algo, algo, algo que saque
la mejor parte del ser.
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